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Wabi Sabi, La belleza de lo rústico

Wabi Sabi, La belleza de lo rústico

 

La cultura japonesa denomina con el término Wabi Sabi una cualidad especial de las cosas que determina su belleza, un irresistible atractivo para quien aprecia la calidad de los materiales erosionados, el desgaste producido por el paso del tiempo en la naturaleza, la imperfección propia de la mano del artesano. Toda una filosofía formal que ha llegado hasta nuestros días para describir la sutil hermosura de las cosas imperfectas, mudables, incompletas. La belleza serena de objetos y superficies humildes, como los materiales que componen la colección Energía Natural.

La estética japonesa del Wabi Sabi se asocia desde hace tiempo con la ceremonia del té, pero en realidad se trata de un concepto mucho más amplio y difuso que define perfectamente la relación entre esta cultura y las cosas que le rodean. En su célebre obra Elogio de la sombra, Tanizaki describe con minuciosidad la importancia de los materiales en la ceremonia del té así como la belleza de los utensilios envejecidos.

El Wabi Sabi crece en la atmósfera de melancolía de la poesía y la pintura monocromática de los siglos IX y X. En este ensayo clásico, escrito en 1933, Junichiro Tanizaki va desarrollando con gran refinamiento esta idea medular del pensamiento oriental, clave para entender el color de las lacas, de la tinta o de los trajes del teatro Noh; para aprender a apreciar el aspecto antiguo del papel o de los reflejos velados en la pátina de los objetos; para prevenirnos contra todo lo que brilla; para captar la belleza en la llama vacilante de una lámpara y descubrir el alma de la arquitectura a través de los grados de opacidad de los materiales y el silencio y la penumbra que caracterizan el espacio vacío. El término que más se acerca a Wabi Sabi es “rústico” en el sentido de simple, sin artificio, no sofisticado, con superficies rugosas o irregulares. Como concepto global se puede confundir con un modo de vida, aunque su aceptación actual hace referencia a un particular tipo de belleza. Comparte algunas características con lo que llamamos Arte Primitivo: objetos toscos, simples, sin pretensiones, y hechos a partir de materiales naturales.

No obstante, al contrario de esta manifestación artística, el Wabi Sabi casi nunca se utiliza figurativa o simbólicamente sino que forma parte del entorno cotidiano. Para los japoneses refinados este tipo de vida favorecía la apreciación de los detalles más nimios de la vida cotidiana y la percepción de la belleza en los aspectos desconocidos y olvidados de la naturaleza. La simplicidad adquirió un nuevo significado como base para una belleza pura y nueva.

 

Una breve historia.

La inspiración inicial de los principios metafísicos, espirituales y morales del Wabi Sabi proviene de las ideas sobre la simplicidad, naturalidad y aceptación de la realidad que se encuentran en el Taoísmo y en el Budismo Zen chino. Tanto el estado de ánimo como el sentido de la materialidad proceden de la atmósfera de melancolía, y de la expresión minimalista de la poesía y la pintura mono cromática china de los siglos IX y X. El Wabi Sabi alcanzó su máxima expresión en el contexto de la ceremonia del té. En el siglo XVI el pabellón de té era un centro de reunión para las élites. Allí los comerciantes ricos cultivaban nuevos contactos comerciales. También era el lugar donde los guerreros buscaban y consumaban alianzas políticas y celebraban las victorias en las batallas.

Llamada sado, la ceremonia del té evolucionó hasta convertirse en una ecléctica forma social de arte que combinaba, entre otras cosas, conocimientos de arquitectura, interiorismo y jardinería, arreglo floral, pintura, preparación de los alimentos, e interpretación. Sen so Rikyu (1522-1591) llevó el Wabi Sabi a su apoteosis. Hubo una considerable experimentación con los objetos, el espacio arquitectónico y el ritual en sí mismo. Fue en este flujo cultural donde Rikyu consiguió su triunfo estético más duradero: situar de un modo inequívoco la tosca y anónima artesanía indígena popular japonesa al mismo nivel artístico, o incluso a un nivel superior, que los perfectos y suntuosos tesoros chinos. Rikyu también creó un nuevo tipo de pabellón basado en el prototipo de la choza de campesinos, con paredes toscas de barro, techo de paja, y estructuras vistas de madera irregular. Unos cien años después de la muerte de Rikyu, el arte del té se reconvirtió en el “camino” del té (chado) aparentemente una forma de aprendizaje religioso y espiritual.

En el curso de esta transformación, el Wabi Sabi, la esencia espiritual del té, se simplificó en un conjunto definitivo de normas. Las escuelas del té reglamentadas han conservado esta filosofía.

La belleza de lo desgastado, lo provisional y lo efímero es tan sutil que resulta invisible para la mirada ordinaria. La belleza del Wabi Sabi es, en cierto sentido, el hecho de aceptar lo que se considera poco agraciado. La belleza es un estado de alteración de la conciencia, un momento extraordinario de poesía y gracia.

El Wabi Sabi representa exactamente lo opuesto a los ideales occidentales de gran belleza como algo monumental, espectacular y duradero. Se refiere a lo intrascendente y lo oculto, lo provisional y lo efímero: cosas tan sutiles y evanescentes que resultan invisibles para la mirada ordinaria. Una parte rutinaria de la ceremonia del té tal como existe hoy, dedica una atención formal a cada objeto incluido en el ritual.

Esto significa no sólo prestar atención a los detalles de los cuencos, la caja del té, la olla del agua, y demás, sino también a cosas tales como el jarrón de las flores e incluso el carbón utilizado para calentar el agua. Lo que en su momento fue un ceremonial espontáneo, actualmente está rígidamente escriturado (hay reglas específicas acerca de cómo y cuándo coger los objetos, cómo y cuándo hacer preguntas sobre los objetos) lo que obliga a prestar atención y, con suerte, a “ver” realmente lo que hay frente a uno.

La verdad proviene de la observación de la naturaleza: cosas en estado original, puro. En este sentido, naturaleza se refiere a plantas, animales, montañas, ríos, y sus manifestaciones de fuerza. Pero también abarca la mente humana y todas sus reacciones y pensamientos. Tres de las lecciones más elementales se destilaron después de milenios de contacto con la naturaleza, estimuladas por el pensamiento taoísta, y fueron incorporadas a la sabiduría del Wabi Sabi.

 

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